Connecting Point

Connecting Point: December 25, 2025

“Glory to God in the highest, and on earth peace to people of good will” (Luke 2:14).

This quote from St. Luke’s Gospel reminds us that Christmas is, above all, a celebration of peace. Shalom, the Hebrew word for “peace,” is much richer than our English counterpart. Shalom is not only the absence of conflict or violence but a feeling of wholeness, well-being, welfare, and security. The promise of Christmas is that Jesus is Emmanuel: “God with us.” We experience a deep, abiding peace in knowing that God is with us, or, as St. Augustine wrote, “closer to us than our own breath.” As followers of Christ, whose lives have been transformed by His peace, we are called to receive and share it with others. At Mass, through the Kiss of Peace, we ritualize our call to be channels of Christ’s peace. The exchange of the Sign of Peace takes place just before we receive Christ in the Eucharist, reminding us that the same hand that reaches out to receive Christ in the Eucharist must also reach out to receive Christ in each other.

Perhaps there is no better time to do so than during the Christmas Season. But how? We must first experience peace within ourselves. This comes through time in prayer, seeking the Lord in quiet during the noise of the season. It also comes from celebrating—with the community—the liturgies throughout the entire Christmas Season, with its many bright feasts. God is with us!

Furthermore, we make our homes places of peace by showing family members kindness and patience. We may also be instruments of peace for the lonely, homebound, or those hurting after the death of a loved one; a phone call, a visit, or even a handwritten note can bring them comfort. We bring peace to others by practicing generosity and compassion, such as by supporting our parish outreach ministries, donating to a family in need, or simply taking time to listen to someone. Moreover, when we encounter someone who thinks very differently from us, we bring peace by seeking to understand before being understood. In a world marked by division, fear, and noise, people long for peace. We share that peace when we live our faith with hope and joy, especially during this Christmas Season!

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«Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad» (Lucas 2:14).

Esta cita del Evangelio de San Lucas nos recuerda que la Navidad es, ante todo, una celebración de la paz. Shalom, la palabra hebrea para «paz», es mucho más rica que su equivalente en español. Shalom no es solo la ausencia de conflicto o violencia, sino un sentimiento de plenitud, bienestar, prosperidad y seguridad. La promesa de la Navidad es que Jesús es Emmanuel: «Dios con nosotros». Experimentamos una paz profunda y duradera al saber que Dios está con nosotros, o, como escribió San Agustín, «más cerca de nosotros que nuestra propia respiración». Como seguidores de Cristo, cuyas vidas han sido transformadas por su paz, estamos llamados a recibirla y compartirla con los demás. En la Misa, a través del saludo de la paz, ritualizamos nuestro llamado a ser canales de la paz de Cristo. El intercambio del signo de la paz tiene lugar justo antes de recibir a Cristo en la Eucaristía, recordándonos que la misma mano que se extiende para recibir a Cristo en la Eucaristía también debe extenderse para recibir a Cristo en los demás.

Quizás no haya mejor momento para hacerlo que durante la Navidad. ¿Pero cómo? Primero debemos experimentar la paz en nuestro interior. Esto se logra a través de la oración, buscando al Señor en el silencio en medio del ajetreo de la temporada. También se logra celebrando, en comunidad, las liturgias a lo largo de toda la Navidad, con sus numerosas y luminosas fiestas. ¡Dios está con nosotros!

Además, convertimos nuestros hogares en lugares de paz mostrando bondad y paciencia a nuestros familiares. También podemos ser instrumentos de paz para los solitarios, los que no pueden salir de casa o aquellos que sufren por la pérdida de un ser querido; una llamada telefónica, una visita o incluso una nota escrita a mano pueden brindarles consuelo. Llevamos la paz a los demás practicando la generosidad y la compasión, por ejemplo, apoyando los ministerios de servicio de nuestra parroquia, donando a una familia necesitada o simplemente dedicando tiempo a escuchar a alguien. Además, cuando nos encontramos con alguien que piensa de manera muy diferente a nosotros, llevamos la paz buscando comprender antes de ser comprendidos. En un mundo marcado por la división, el miedo y el ruido, la gente anhela la paz. Compartimos esa paz cuando vivimos nuestra fe con esperanza y alegría, ¡especialmente durante esta Navidad!