We often say, “Nothing can get in God’s way,” but this Sunday’s readings challenge us to consider an uncomfortable reality: Sometimes, we do.
Peter thinks he knows what should happen next. When Jesus explains the suffering that lies ahead, Peter objects, and Jesus responds, “You are thinking not as God does, but as human beings do.” Peter’s thought process isn’t bad; it’s simply limited by what he can see and understand.
We can fall into the same trap. “That will never work.” “I’m not the right person.” “It’s too difficult.” “I don’t want to have that conversation.” “Someone else can do it.” Sometimes, God is calling us toward something, but our own thoughts, fears, and desire for comfort convince us to resist.
In the first reading, Jeremiah understands that struggle, too. Ridiculed for speaking God’s word, he wants to quit. Still, God’s word becomes like a fire within him that he cannot hold back. In the second reading, Paul offers the same challenge: “Do not conform yourselves to this age, but be transformed by the renewal of your mind.” Then, Jesus gives us words we might rather avoid: “Deny [your]self, take up [your] cross, and follow me.”
Following Christ will not always make sense according to our way of thinking. It will sometimes require discomfort, sacrifice, forgiveness, courage, or change. God may show us the way, but He still gives us the freedom to follow or resist. It is up to us!
A menudo decimos: «Nada puede interponerse en el camino de Dios», pero las lecturas de este domingo nos desafían a considerar una realidad incómoda: a veces, somos nosotros quienes lo hacemos.
Pedro cree saber qué debería suceder a continuación. Cuando Jesús explica el sufrimiento que le espera, Pedro pone objeciones, y Jesús responde: «No piensas como Dios, sino como los seres humanos». La forma de pensar de Pedro no es mala; simplemente está limitada por lo que él puede ver y comprender.
Nosotros podemos caer en la misma trampa. «Eso nunca funcionará». «No soy la persona adecuada». «Es demasiado difícil». «No quiero tener esa conversación». «Alguien más puede hacerlo». A veces, Dios nos llama hacia algo, pero nuestros propios pensamientos, temores y el deseo de comodidad nos convencen de resistir.
En la primera lectura, Jeremías también comprende esa lucha. Ridiculizado por proclamar la palabra de Dios, quiere renunciar. Sin embargo, la palabra de Dios se convierte en un fuego interior que no puede contener. En la segunda lectura, Pablo nos plantea el mismo desafío: «No se amolden a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente». Luego, Jesús nos dirige unas palabras que tal vez preferiríamos evitar: «Niégate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme».
Seguir a Cristo no siempre tendrá sentido según nuestra forma de pensar. A veces requerirá incomodidad, sacrificio, perdón, valentía o cambio. Dios puede mostrarnos el camino, pero nos da la libertad de seguirlo o resistirnos. ¡Depende de nosotros!