This Sunday’s second reading (1 Peter 2:4) begins: “Come to him, a living stone, rejected by human beings, but chosen and precious in the sight of God.”
At times, we’ve all felt rejected. For children and teens, that feeling can come as a constant pressure to fit in—to find your place, group, or identity. And when you finally feel like you’ve found it, something shifts. A friendship changes. You’re left out of something. You realize you’re not as “in” as you thought. Suddenly, you’re on the outside looking in again.
That experience doesn’t necessarily go away as we get older; it just takes different forms. It might be trying to build a relationship that simply doesn’t work out. Maybe it’s bringing forward an idea at work that you’re excited about, only to be met with silence…or worse, dismissal. Sometimes, rejection leads us in a better direction. But more often, it just hurts.
And yet, in the midst of those moments, this reading offers something powerful. Even when we feel rejected by others, overlooked, unworthy, or unloved, we are reminded that we are chosen and precious in the sight of God.
The reading goes on to say that the stone rejected by the builders became the cornerstone. What others dismissed, God chose as the foundation. That same truth applies to us. Others’ opinions or acceptance do not determine our value. God sees us differently. God sees our worth, our dignity, and our purpose, even when others may not.
Whenever those feelings of rejection surface, we are invited to remember who calls us. God calls us “out of darkness into his wonderful light” (1 Peter 2:9). We are not defined by the moments when we are left out, overlooked, or misunderstood. We are defined by God, who always chooses us.
That may be easier said than done. But in those moments, a simple prayer from this Sunday’s Responsorial Psalm can guide us: “Lord, let your mercy be on us, as we place our trust in you.”
So, when you sense those feelings arise, pause and remember: You are chosen, you are precious, and you are loved—and that truth is something no one can take away.
———————————————
La segunda lectura de este domingo (1 Pedro 2:4) comienza diciendo: «Acérquense a él, piedra viva, rechazada por los seres humanos, pero elegida y preciosa a los ojos de Dios».
En ocasiones, todos nos hemos sentido rechazados. Para los niños y adolescentes, ese sentimiento puede manifestarse como una presión constante por encajar: por encontrar su lugar, su grupo o su identidad. Y cuando por fin sienten que lo han encontrado, algo cambia. Una amistad se transforma. Quedan excluidos de algo. Se dan cuenta de que no están tan «dentro» como creían. De repente, vuelven a estar fuera, mirando desde la distancia.
Esa experiencia no desaparece necesariamente a medida que envejecemos; simplemente adopta formas diferentes. Puede tratarse de intentar construir una relación que, sencillamente, no prospera. Tal vez consista en proponer una idea en el trabajo que nos entusiasma, solo para encontrarnos con el silencio… o, peor aún, con el desprecio. A veces, el rechazo nos conduce hacia una dirección mejor. Pero, con mayor frecuencia, simplemente duele.
Y, sin embargo, en medio de esos momentos, esta lectura nos ofrece algo poderoso. Incluso cuando nos sentimos rechazados por los demás, ignorados, indignos o faltos de amor, se nos recuerda que somos elegidos y preciosos a los ojos de Dios.
La lectura continúa diciendo que la piedra rechazada por los constructores se convirtió en la piedra angular. Aquello que otros descartaron, Dios lo eligió como fundamento. Esa misma verdad se aplica a nosotros. Las opiniones o la aceptación de los demás no determinan nuestro valor. Dios nos ve de una manera distinta. Dios ve nuestro valor, nuestra dignidad y nuestro propósito, incluso cuando los demás no logran verlos.
Siempre que surjan esos sentimientos de rechazo, se nos invita a recordar quién nos llama. Dios nos llama «de las tinieblas a su luz maravillosa» (1 Pedro 2:9). No nos definen los momentos en los que quedamos excluidos, ignorados o incomprendidos. Nos define Dios, quien siempre nos elige.
Puede que esto sea más fácil decirlo que hacerlo. Pero, en esos momentos, una sencilla oración tomada del Salmo Responsorial de este domingo puede guiarnos: «Señor, que tu misericordia esté sobre nosotros, ya que hemos puesto nuestra confianza en ti». Así que, cuando sientas surgir esos sentimientos, haz una pausa y recuerda: has sido elegido, eres valioso y eres amado; y esa verdad es algo que nadie puede arrebatarte.